lunes, 17 de julio de 2017

Las Katiuskas no solo son para el invierno. Videotutorial

          Erase una vez un par de botas de supermercado, pero no unas botas cualquiera… ¡eran unas botas Katiuskas! preparadas para resistir el temporal mas adverso y el terreno más agreste.
Este par de botas, a las que le gustaba mucho caminar, tuvieron muchos dueños… dueños con pies grandes, también de pies pequeños, algunos ricos, otros sin embargo pobres, de pies limpios y, a  veces, no tan limpios….
Pisaron por terrenos resbaladizos, arenosos en ocasiones escarpados , cruzaron ríos y subieron montañas… pero siempre terminaban tarde o temprano olvidadas en un rincón de algún cobertizo, porque estas botas tenían una particularidad y es que nunca se ponían de acuerdo a la hora de caminar, cuando la bota derecha quería ir hacia delante la izquierda quería ir hacia atrás y cuando la bota izquierda se disponía a ir hacia un lado a la derecha le parecía una idea estupenda ir hacia el lado contrario y claro…. ¡Así era imposible! Y es que eran unas botas de mucho carácter.


              
 Con el paso del tiempo perdieron la ilusión y la confianza en si mismas. Un buen día decidieron  que ya no las iban a despreciar más (¡botas del demonio las llamaban!) así es que decidieron que caminarían solas por el ancho mundo, pero juntas, porque finalmente, se habían hecho grandes amigas.
Caminaron y caminaron juntas durante muchos inviernos, vieron muchísimas cosas, la sonrisa de los niños, el arco iris después de las lluvias, la amabilidad de las gentes, pero también la tristeza, la oscuridad y la intolerancia.
Con el transcurrir de los años, se dieron cuenta que ya no estaban para esos trotes  y decidieron que buscarían un lugar bonito y apacible donde descansar sus pobres suelas de goma.  Finalmente llegaron a un lugar tranquilo y de gran belleza donde decidieron terminar sus días, que dicho sea de paso, no parecía que que les quedaran muchos… se colocaron debajo de un árbol y allí descansaron.
Con el paso de los días y la llagada de la primavera comenzaron a ocurrir hechos insólitos… los pajarillos que por allí vivían dejaban caer semillas desde sus nidos  situados en la copa del árbol y algunas de ellas les caían encima ¡Qué fastidio! Pensaban las botas, ¡estos jovenzuelos no dejan descansar a nadie!… pero después de las lluvias primaverales ocurrió el hecho más maravilloso de sus vidas, empezaron a aparecerles florecillas que asomaban a través de sus cañas desgatadas, ¡jope!¡Nunca se habían visto tan bonitas!

Y así, primavera tras primavera, regalaron al mundo montones  de flores multicolores, por fin entendieron lo que significaba echar raíces en un lugar y lo que es más importante, se sintieron útiles, y es que el destino te regala cuando menos lo esperas con algo maravilloso, siempre es importante darse una segunda oportunidad y confiar en lo que la vida te regala.
                                                                           FIN


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